viernes, 1 de abril de 2016

Sigo centrado en mi nueva novela


Casi un año sin publicar nada en el blog... ¡Cómo pasa el tiempo!
Tantas cosas que contaros... 
Os comento algunas:
Sigue en marcha la novela que estoy escribiendo junto a Laura Burgos, pese a los aplazamientos que nos hemos visto obligados a coger por circunstancias personales de ambos. Nos queda muy poquito para finalizarla, pero para ello necesitamos sacar tiempo y eso, en mi caso, es muy complicado ahora mismo. Pero terminarla, la terminaremos. Nuestra meta es hacerlo antes de que finalice este año. Así que, espero poder ofreceros más información en unos meses. 

Por otra parte, el blog quedará parado hasta que termine con la novela. Quiero dedicarle todo el tiempo a ella y reduciré mis lecturas, relatos y reseñas. Espero que lo comprendáis y estéis por ahí cuando regrese con nuevo material.

Un saludo a todos

miércoles, 22 de julio de 2015

El florecer de los cerezos (Relato corto) Josep Játiva - Capítulo 2 -

Si no has leído el capítulo 1 (click aquí para leer)

   
                   CAPÍTULO 2 
Desde el callejón contemplaban como los coches patrulla pasaban a toda velocidad, los viandantes corrían aterrados sin saber muy bien ni qué hacer ni a dónde ir. Yusuke y Ariko permanecían en silencio, observando la gran avenida, escondidos tras las enormes cajas de cartón que minutos antes ella había desechado tal y como le había indicado su jefa y dueña del local.
-¿Dónde has aparcado la moto? -le preguntó el joven.
La chica contestó señalando hacía el lugar donde se encontraba su vehículo. Yusuke lo siguió con la mirada y comprendió que era imposible llegar hasta él. La moto de color rosado y abundantes pegatinas descansaba justo al otro lado del cordón policial.  
-Mierda… -susurró el joven.
De pronto Ariko salió despedida, decidida a burlar a los agentes de seguridad. Deseaba montar en su motocicleta y alejarse de aquel lugar. Yusuke salió tras ella.
-Ariko, espera. No te alejes de mí -le ordenó.
La joven se perdía entre la muchedumbre que corría en contra dirección. Yusuke la buscaba desesperadamente con la mirada. Aunque le resultaba difícil localizarla, no la perdió de vista y pudo llegar hasta el alejado cordón policial, junto a ella.
-¡Déjeme pasar! -le exclamó Ariko al agente que le cortaba el paso.
-¡Señorita, no se puede pasar! ¡Es peligroso! ¡Váyase lo más lejos posible, ya recuperará su vehículo en otro momento! -le ordenaba el policía.
-¡¡Pero si está justo ahí!! -le explicaba la joven indignada-. ¿¡¡Pero es que no la ve!!? ¡Es esa rosa de ahí! 
-¡Váyase, no me obligue a detenerla!
-¡Joder, pero si no está ni a cinco metros de aquí!
El agente modificó la expresión de su rostro y Yusuke comprendió que nada bueno podría suceder tras ello. Cogió a Ariko del brazo y antes de poder hacer cualquier movimiento, una gran explosión al final de la calle les obligó a abandonar toda acción. 
Tras la confusión inicial, vinieron los gritos agónicos y el humo. Éste, empezó su incansable avance envolviéndolo todo a su paso. 
-¡Iros de una puta vez! -ordenó el agente.
Yusuke tiró del brazo de la joven, que no mostró resistencia, y se dejó llevar. Lloraba en silencio mientras contemplaba en lo que se había convertido la avenida en la que tantos buenos momentos había pasado con sus amigas. Se aferró con fuerza a Yusuke acelerando el paso. Cerró sus ojos en un intento de evadirse de todo aquello, pero tras correr unos metros a ciegas tropezó contra algo y cayó. Al abrirlos y contemplar a Yusuke cerca de ella, ayudándola, protegiéndola, se derrumbó emocionalmente. El joven la levantó con cariño y cuando sus miradas se cruzaron ella lo besó. Yusuke se sorprendió. “No era así como lo había planeado. ¡Nada estaba saliendo como lo había planeado!”. Pensaba mientras sus labios permanecían unidos. Aquel beso no tuvo la carga sexual que él había soñado y sabía que ella no lo estaba disfrutando, pero no había tiempo para avergonzarse por ello. Reemprendieron su huida, esta vez con la mirada fija en la carretera. 

-Espera… Para… -suplicó Yusuke.
El joven no estaba acostumbrado a hacer ejercicio. Ariko, en cambio, acudía tres veces por semana al gimnasio y estaba más que preparada para enfrentarse a una carrera de resistencia. Yusuke, por su parte, aborrecía el deporte y cualquier cosa que tuviera que ver con el ejercicio. Nunca había estado gordo y pensaba que el gimnasio sólo servía para presumir de músculos y alardear de cuerpo. Ahora se daba cuenta de lo equivocado que estaba.
-¿Qué pasa? -le preguntó extrañada la joven.
-No… puedo…. respirar… -contestó con dificultad.
-...-Ariko lo miró con gesto de protesta y se guardó su opinión.
Yusuke miró a su alrededor mientras recuperaba el aliento. El río Sumidagawa se mostraba imponente delante de ellos. El joven lo contempló con indiferencia, pero de repente su cerebro reaccionó ante lo que estaba observando. 
-¡El parque Sumida! -dijo en voz alta.
Ariko le miró pensativa.
-¿No estarás pensando en ir a contemplar los cerezos después de lo que acabamos de presenciar? -preguntó la joven con indignación.
-Vale, no es así como había planeado pasar el día contigo… -se justificó-. De todas formas hay que atravesarlo, estaremos más seguros si pasamos a la otra parte del río.
Se escuchó otra explosión a lo lejos, tras el bloque de fincas que se encontraban a sus espaldas. Ariko le cogió de la mano y tras los constantes descansos de Yusuke por recuperar el aliento, atravesaron el puente de Sakurabashi.

El caos podía escucharse desde la otra parte del río y las personas que se encontraban a las orillas del río Sumida contemplaban llenas de dudas los sucesos que tenían lugar en frente. Algunas se quedaban allí observando, otras optaban por un razonamiento más coherente y se marchaban del lugar.
Ariko insistía en continuar su huída, pero Yusuke necesitaba más tiempo para recuperarse.
-No, espera. No me empujes, espera -protestaba el joven mientras la muchacha continuaba insistiendo-. ¡Aaaah!
-¿¡Qué pasa!? -preguntó asustada.
- ¡Un tirón en la pierna! -contestó agresivo y lleno de dolor.
De pronto el suelo empezó a temblar.
Los jóvenes, al igual que el resto de personas, se quedaron petrificados. Preguntándose qué sucedía. Yusuke no pudo mantenerse en pie debido al repentino dolor muscular y cayó sobre el cálido asfalto. 
El agua del río empezó a agitarse con furia.  
Ariko no aguantó más la espera y tiró de Yusuke con todas sus fuerzas. Quería alejarse de allí lo antes posible. El joven soportó su dolor y obedeció sus órdenes. 
Un fuerte estruendo les obligó a detener su huida de nuevo, cosa que Yusuke agradeció. Ambos volvieron sus cabezas curiosos y fueron testigos de cómo una enloquecida larva gigantesca emergía de las profundidades del río devorando a los ciudadanos curiosos que todavía no habían abandonado la orilla. 
El monstruo de aspecto húmedo, peludo y afilados dientes, se arrastraba por la orilla, poniendo rumbo al frondoso parque de cerezos. Ariko volvió a tirar del joven en un intento por acelerar su paso y con cada sacudida notaba como la bestia peluda les ganaba terreno. Las contracciones del monstruo hacían temblar el suelo por el que corrían los jóvenes, pero pese al dolor, Yusuke seguía forzando su pierna sin protestar. 
-¡Mira, un coche de policía! -Ariko aceleró su paso soltándose de su compañero.
-¡Ariko! -exclamó el joven viendo como se alejada de él-. ¡Espera!
Yusuke pudo ver cómo la joven era ignorada por los agentes mientras ella, desesperada, intentaba pedirles ayuda.
-¡Pitufos! ¡Mal nacidos! -escuchó pronunciar de la boca de su amada al llegar junto a ella-. ¿No queréis ayudarnos? Pues muy bien, allí os mate el puto monstruo…
-Ariko, por favor -intentó calmarla el joven, cogiéndole de la mano-. Vámonos, no perdamos más tiempo.
-Eso, vámonos. No vale la pena ver morir a esta panda de… -antes de que la muchacha pudiese expresar su indignación. Otro fuerte temblor volvió a sacudir la zona. 
Ariko se aferró a Yusuke, rodeándole con sus brazos, aterrada. Sus cuerpos quedaron en contacto, notaban sus corazones acelerados, pero al igual que su primer beso, una completa decepción. Yusuke notaba los pechos de la joven sobre su torso, pero a diferencia de la mayoría de los jóvenes de su edad, él no estaba pensando en sexo. Su mente y toda su atención la copaba esa nueva larva monstruosa que aparecía unos metros por detrás de su compañera viscosa.  
Los monstruos se deslizaban a paso ligero y por mucho que se empeñasen los militares recién llegados en acribillarlos a balazos, las bestias abanzaban sin dificultades. Viendo que las armas de las que disponían no surtían el efecto deseado, el ejército de tierra optó por ceder su emplazamiento a la brigada especial en explosivos. En pocos segundos, desplegaron su artillería y mientras montaban un lanzacohetes portátil, algunos soldados se divirtieron con sus lanzagranadas.
Las explosiones hicieron que Ariko detuviera su paso. Se apoyó en uno de los cerezos del parque en el que se encontraban y rompió a llorar. Yusuke la abrazó y la fragancia afrutada de sus cabellos consiguió evadirlo de la realidad en la que se encontraba. Esta vez notó la presión de sus delicados pechos sobre su torso y notó un escalofrío recorriendo su cuerpo. Algo estaba despertando en su interior. Ariko por su parte, levantó la cabeza en busca de sus ojos, de su mirada. Parecía estar al corriente de los sucesos internos del joven y cuando los encontró le besó. Unieron sus labios con pasión, olvidándose de los atemorizados turistas y nativos que corrían enloquecidos. Ellos permanecieron unidos bajo las flores del cerezo expresando sus sentimientos, intentando hacer realidad su cita de ensueño. El joven la abrazaba con pasión y al notar los pezones endurecidos de la muchacha, su cuerpo reaccionó con la rigidez de su entrepierna. Ella lo notó, ejerciendo presión contra su muslo derecho, y se aferró al joven con renovada pasión. Juntos, exteriorizaron su lujuria abiertamente apoyados sobre el cerezo. Habían olvidado por completo el horror que estaban presenciando.
-Te quiero -le susurró Yusuke al oído de la joven.
Ella rió de forma risueña.
-Cuando te besaba estaba pensando… ¡Qué asco! -la joven exclamó mientras señalaba los pétalos del cerezo.
Yusuke tardó en reaccionar. “¿Acaso no le habían gustado sus besos? ¿Lo rechazaba?”. Al contemplar la dirección en la que apuntaba su amor, se dió cuenta de que ese desprecio no iba enfocado hacia su persona. Toda esa repulsión era por las larvas peludas que se deslizaban por las ramas del cerezo, justo encima de ellos.
-AAAAH -exclamó la joven intentando quitarse de encima los gusanos que habían saltado sobre su cabeza-. ¡¡Quitamelos!! ¡¡Quitamelos!!
Desesperadamente, intentaba desprenderse de ellos. Mientras, Yusuke la protegía de los nuevos atacantes. 
-¡¡¡QUITAMELOS!!! ¡¡¡AAAAAH!!! -Ariko perdió la cordura y daba vueltas sobre ellas misma en un intento por liberarse de los insectos infecciosos. 
-¡¡Ariko, deja de moverte!! ¡¡Así no puedo quitarte ninguno!! -protestó el joven.
-AAAAHH -seguía gritando la muchacha sin prestar atención.
De pronto el sol desapareció, dejó de bañarlos con su luz, quedando completamente ensombrecidos. Yusuke levantó la vista al cielo en busca de la respuesta a este fenómeno. “¡¿Y ahora qué?!” Pensó mientras su cara se desfiguraba por el terror. La gigantesca larva se encontraba justo encima de ellos, mostrando sus afilados dientes. Sus peludas escamas se movían con la brisa al son de los pétalos de la frondosa arboleda de cerezos. El monstruo abrió su descomunal boca y con expresión feroz se lanzó a por ellos. 
-¡¡¡ARIKO!!! -exclamó Yusuke sintiéndose impotente al ver cómo la bestia se abalanzaba sobre su amada sin poder hacer nada por evitarlo.
El monstruo devoró a la joven, desgarrando su delicado cuerpo por la mitad. Su torso inferior quedó unos minutos en pie y se desplomó sobre los pétalos marchitos que se habían desprendido de sus ramas a causa de las larvas. La bestia masticaba la otra mitad de la muchacha ante la mirada de horror del joven. Yusuke, con el corazón destrozado, contemplaba cómo la sangre que emanaba de los restos de su amada servía de nutriente tanto a los cerezos más cercanos como a las larvas que parecían alimentarse de ella. El joven se desplomó sobre sus rodillas y gritó con todas sus fuerzas. 
“¡¿Qué está pasando?! ¿¿Por qué?? ¡ARIKO!” Yusuke no podía asimilar lo sucedido, de sus ojos brotaban lágrimas sin final. “¡¡Esto no puede ser real!!”.
Las larvas empezaban a acumularse alrededor del joven, a punto de lanzarse al ataque. Al joven le daba igual, su  vida ya no tenía sentido. Qué más daba morir ahora que hacerlo unas horas después, la ciudad estaba condenada. No había escapatoria, la infección ya estaba demasiado propagada como para salir ileso de aquella zona. Yusuke cerró sus ojos, conteniendo sus lágrimas sin éxito y se entregó a los gusanos hambrientos de cerebro humano. 
Las larvas subieron por su cuerpo con delicados movimientos, sus escamas peludas de aspecto viscoso le producían cierta reacción alérgica al llegar a su cuello desnudo.
-¡Allí hay uno! -exclamó un agente al resto de su equipo -. ¡Oye, tú!
Yusuke se giró con expresión diabólica e inició los movimientos necesarios para levantarse del terreno encharcado en sangre.
La agrupación de élite no se lo pensó dos veces y lo acribillaron a tiros antes de que el joven pudiese cumplir su propósito.
-Malditas larvas de laboratorio. Espero que pillen al becario que ha dejado escapar a estos insectos infernales -comentó uno de los agentes en voz alta.
-El becario no tiene la culpa, es responsabilidad de su superior -le replicó uno de los presentes.
-Sea de quien sea el delito, esto es intolerable -añadió otro. 
-Se comenta que el becario era un incompetente que habían puesto allí a dedo -explicó alguien sin dejar de prestar atención al terrero.
-¿Pero vosotros cómo sabéis eso? ¿De dónde sacáis semejante información? -preguntó la única mujer militar del grupo.
-El departamento de guerra bacteriológica no es del todo secreto como se nos quiere hacer creer -le aclaró uno de ellos.
La agrupación de agentes montó lo necesario para volar por los aires a la enorme bestia viscosa que se deslizaba en frente de ellos. El parque Sumida se convirtió en un campo de batalla entre larvas contra humanos, una lucha por la supervivencia del más inteligente.

Para los jóvenes enamorados, el día había llegado a su fin y aunque esta no era la cita que habían soñado, estaban juntos. Rodeados de cerezos en flor. Sus miembros, separados en trozos irregulares, regaban con su sangre el mismo árbol que minutos antes había sido testigo de su amor desenfrenado. Ahora, su amor quedará vivo por siempre en el interior de aquel cerezo que cada año, con la llegada de la primavera, florecerá.      

FIN

El florecer de los cerezos (Relato corto) Josep Játiva - Capítulo 1 -

Tokyo 08.30 a.m

La habitación estaba cubierta con una gruesa capa de polvo. El policía empujó la puerta con cuidado, buscó su linterna y alumbró el interior.  Los circuitos eléctricos reflejaban la luz pese a la suciedad. Había acudido allí a petición de Yoshio, su amigo y padre del joven desaparecido a quien ahora buscaba. Entró con cuidado en la habitación repleta de chips, cables y ordenadores sin batería. Siguió inspeccionando el interior de la habitación con su linterna hasta dar con el joven. Éste se encontraba en la cama, oculto entre sábanas y mantas, inmóvil. Se aproximó con cuidado.
-¿Kaoru, estás bien?
Silencio. 
El agente se acercó a la cama con la intención de desenterrarle de entre la maraña de sábanas.  Apoyó una de sus rodillas sobre el colchón y se dio cuenta de que estaba completamente empapado. ¿Orina? ¿Sangre? El agente empezaba a ponerse nervioso, nunca había cubierto un caso de homicidio. Por una parte se emocionó con la idea, pero por otra se trataba del hijo de su mejor amigo. Con el conflicto de emociones en pleno apogeo destapó al joven. Soltó rápidamente las sábanas con gesto horrorizado. Sostenía la linterna con miedo mientras observaba el cuerpo desfigurado del joven Kaoru. Uno de sus ojos reposaba sobre la almohada, fuera de su cuenca. Además, mostraba arañazos por todo el cuerpo, la mayoría de ellos eran cortes profundos por los que había brotado la sangre sin impedimentos. 

El agente apartó la visto, ya no soportaba más. Buscó en su teléfono el número de su inspector jefe con las manos temblorosas. Entonces, un ruido hizo que se le helara la sangre.
-Shhrrr...
No se lo pensó dos veces y salió corriendo, olvidando por completo su teléfono y las posibles pruebas que podía destruir en su huida. Pero no llegó muy lejos, el agente pisó algo viscoso y cayó de espaldas sobre el mugriento suelo de la habitación. El golpe en la cabeza lo dejó algo aturdido, impidiéndole comprobar cómo brotaba del joven Kaoru una especie de larva con bello y aspecto húmedo que poco a poco se deslizaba hacia el agente. Cuando éste recuperó el control de su cuerpo la larva ya subía por su cuello. Lo mordió.
-¡Ah! -gritó el agente al tiempo que apresaba al extraño insecto con su mano derecha. 
Lo miró extrañado unos segundos y entonces fue cuando la larva aprovechó para saltar e introducirse por una de sus fosas nasales.  El agente volvió a desplomarse contra el suelo, convulsionando. La larva se abría paso hacia el cerebro sin demasiadas complicaciones.

***

Yusuke se despertó cargado de energía, lleno de vitalidad. ¡Por fin había llegado el sábado! Se levantó de un salto, puso su reproductor a todo volúmen y empezó a tararear la melodía de su grupo favorito. Hoy no solo era el día de su primera cita con Ariko sino que además iba a ver el concierto de se su grupo favorito, Solar Ladys. Se volvió a duchar, pese a que ya lo había hecho anoche antes de acostarse. Se vistió y desayunó nervioso, no podía parar de pensar en Ariko. “¿Cómo iría vestida? Seguro que está guapísima”. Pensó. “Que ganas tengo de verla sin el uniforme del instituto”. Susurró mientras se sonrojaba. “¿Llevaría braguitas de corazones?”. Fantaseaba con la idea de verlas, pero sabía que eso era imposible. “¡NO! Eso ni pensarlo”. Se riñó. Él amaba a Ariko y quería ir en serio, así que dió un último retoque a su peinado y salió de casa camino al trabajo. “Ariko…”. Suspiró tras cerrar la puerta.

Bajó las escaleras con una enorme sonrisa en la cara. Sus vecinos lo saludaban y él les contestaba transmitiendo todo su entusiasmo. Alguno de ellos le preguntaban por qué estaba tan contento, otros se lo imaginaban, pero todos le deseaban muchísima suerte. 

Llegó a la planta baja, salió y giró la esquina camino al aparcamiento de bicicletas. Rebuscó en su bolsillo las llaves del candado y al alzar la vista se encontró con Mayumi, una ex compañera de interpretación.
-¿Yusuke? -preguntó sorprendida -. ¡¡Yusuke!!
La chica de vestimenta casual y llamativo color de pelo lo abrazó eufórica.
-Hola Mayum… -Yusuke no pudo terminar su saludo, quedó cubierto por la larga cabellera de la chica a causa del viento.
Mayumi rió.
-¿Qué es de ti y de tu vida? -preguntó y sin darle tiempo a contestar, continúo hablando -. ¡¡Yo he conseguido un papel en una serie!! ¡¡Ya soy actriz!! 
-¿Sí? Enhorabuena -contestó sorprendido. 
Mayumi no solía destacar en clase precisamente por sus dotes interpretativas sino por todo lo contrario. A Yusuke le pareció algo extraño, aunque después pensó que debía ser en una serie de dudosa calidad en la que pesarían más sus atributos femeninos que su talento. 
-¿Cómo se titula la serie? Por verte y eso… -se animó a preguntar.
-¡Detective Splash: Love rebirth in NeoTokyo! -contestó todavía eufórica.
-¡¿Sales en Detective Splash?!   
A Yusuke le sorprendió que apareciera en esa serie. Era el mayor éxito del momento entre los jóvenes. La primera temporada había sido un auténtico boom alcanzando grandes índices de audiencia.
-Interpreto a Ami, una joven estudiante que es asesinada por el malo de la segunda temporada -la joven se interrumpió -. No me hagas contarte más que no puedo desvelarte nada.
Mayumi rió a carcajadas que sonaron algo presumidas.
-Oh, genial. Entonces saldrás en muchos episodios.
-Sí. Bueno, no. Realmente me matan nada más empezar la serie -reconoció la chica apartándose el pelo de la frente -. Pero oye, no paran de nombrarme en todos los episodios. En plan “¿Quién mató a Ami? ¿Por qué tuvo que morir?” y yo aparezco muerta en plan: “¡Oh! He sido asesinada de forma cruel. ¡Vengar mi muerte!”.
Mayumi seguía poniendo caras e intentando escenificar a los personajes que aparecían en la serie mientras Yusuke comprendía el porqué de su asesinato prematuro en la ficción. No era mala actriz, siempre que permaneciera callada. 
-Bueno, pero está muy bien. Tus padres estarán muy contentos -le comentó con sinceridad.
-No creas. Mi padre se enfadó muchísimo cuando se enteró de que tenía que aparecer con las tetas al aire… -interrumpió su frase para estudiar la reacción inexpresiva de Yusuke ante este hecho -. Pero, bien, ya sabes. Son cosas del guión y una tiene que estar dispuesta a todo. ¡Qué es Detective Splash!
-Sí -Yusuke contestó por contestar, realmente no sabía qué decirle. Ella podía hacer lo que quisiera, pero en el fondo se preguntaba si ella también se daba cuenta de que la contrataron por sus atributos.
-Mi madre me dijo: Mayumi, tienes que ir con mucho cuidado. No aceptes papeles a la ligera. Comprendo que un papel por pequeño que sea en Detective Splash te puede ayudar en tu carrera, pero por favor no aceptes más papeles en los que tengas que enseñar tu cuerpo. No acabes como Mei -le confiesa -. ¿Recuerdas a Mei? Ahora posa desnuda en la revista Secret Gilrs, es modelo. 
Yusuke quedó sorprendido. Había escuchado rumores de que su ex compañera Mei se había pasado a los desnudos, pero nunca los creyó.
-¿En serio? -preguntó y sintió vergüenza al hacerlo.
-Sí, muy fuerte… Oye, ahora no vayas a buscar la revista. ¡Cochino!
-¡¿Qué?! ¡NO!
-Bueno, ¿qué es de tu vida? ¿En qué trabajas?
-De momento estoy a media jornada en una librería y por las tardes continúo con el doblaje de Lunar Eclipse.
-¿Todavía sigues con eso? Pues sí que es larga la serie -contestó sin maldad ni envidia -. Ojala se den cuenta de lo mucho que vales, en serio. Bueno te dejo que tengo que hacer unas compras. Me alegro mucho de verte Yusuke.
Ambos se despidieron y quedaron en organizar una cena de antiguos alumnos para descubrir dónde había acabado cada uno de ellos e incluso si alguien seguía soltero, pero eso a Yusuke no le importaba. Él solo tenía ojos para Ariko y le daba igual lo desnuda que estuviera la compañera más popular entre los alumnos de interpretación, su corazón y sus ojos le pertenecían solamente a ella.

Se aproximó al parking de bicicletas y buscó la suya con la mirada. No podía ser. Su bicicleta no estaba allí aparcada como cada día. Se quedó allí plantado varios minutos pensando que desalmado le habría robado su transporte. Además, su bicicleta estaba oxidada, le faltaban varios radios, no tenía cesta y el cable de los frenos estaba suelto. ¿Quién en su sano juicio la iba a querer? Yusuke ya la compró así pensando que al tener ese aspecto nadie se la iba a querer robar. Ya estaba harto de que siempre le acabaran mangando sus flamantes bicis. Miró alrededor por si el ladrón la desechó al darse cuenta de la porquería que había afanado. Pero no, allí no estaba. Preguntó al kioskero si había visto a alguien toqueteando las bicileta. El anciano contestó negativamente y le indicó que se lo contara a un policía. “Ojalá, tengas suerte, chico”. Le comentó. 

Yusuke decidió emprender su camino a pie inmediatamente o llegaría tarde al trabajo. Atravesó las calles dando grandes zancadas. Cruzó varias esquinas, tropezó con un policía y pensó en seguir el consejo del anciano. Decidió denunciar el robo de su vehículo.
-Perdone señor agente. Me gustaría… -Yusuke no pudo terminar la frase.
El agente se giró rápidamente y abofeteó su cara. Yusuke contempló el rostro desfigurado del guardia. Sus ojos colgaban fuera de sus cuencas oculares y desde el interior de su garganta provenía un gruñido indescriptible que le horrorizó. Yusuke cayó aterrorizado al suelo, el agente continuaba golpeándole sin descanso. 
-¡Socorro! -exclamó el joven, pero la sociedad japonesa estaba demasiado acostumbrada a encontrarse con personas disfrazadas por las calles como para diferenciar entre lo que era un agente de verdad y un personaje de ficción, así que nadie les prestó atención.

Yusuke se arrastró por el suelo en un intento de escapar de sus garras. El agente detuvo su violencia, su cabeza parecía procesar algún tipo de información y de pronto explotó. Un millón de pequeñas larvas salieron de su interior. La gran mayoría cayeron sobre Yusuke que se las quitaba de encima con expresiones de auténtico pavor y asco. Otras fueron a parar sobre los ingenuos viandantes. Muchos de ellos intentaron quitárselas de encima al igual que el joven, pero no tuvieron la misma suerte y acabaron sucumbiendo a los deseos del insecto. Yusuke se quitó la chaqueta para deshacerse de la mayoría de las criaturas viscosas y corrió como nunca antes lo había hecho. 

La calle se convirtió en un infierno. Los gritos de dolor de los afectados se le clavaban en la mente. Se detuvo para taparse los oídos y gritar, su cuerpo necesitaba expulsar todo el estrés acumulado.
-¡Wow! ¡Mira mamí! ¡Un show! -escuchó gritar a un niño cerca de él -. Vamos a acercarnos, ¡Mira cuanta gente! Nos van a quitar el sitio ¡Démonos prisa!
-¡Kouta! Tranquilo, no empujes -le riñó su madre a la vez que se aproximaban al lugar de horror e infección.
-¡¡No!! -les gritó Yusuke -. No es un show…
Pero ya era demasiado tarde, los infectados por las larvas devoraron al pequeño ajenos a las súplicas de su madre que les agredió con fuerza, pero sin éxito. 

El número de infectados por las criaturas de aspecto baboso aumentaba por segundos. Yusuke abandonó la zona, no solo por miedo sino porque iba a llegar demasiado tarde al trabajo. Sacó su teléfono móvil y se dio cuenta de que se le había roto la pantalla con los golpes. Pese a lo caro que le costó el terminal no le pareció dar importancia. Decidió avisar a su jefa en un intento por desahogarse. Ésta no contestó. De pronto pensó en Ariko: “¿Estará Bien?”. Reemprendió su trayecto esperanzado por encontrar a su amada en la librería tan puntual como cada día. Ariko, además de ser su actual pareja, era su compañera de trabajo y esa era una de las razones por las que Yusuke nunca dejó su empleo a media jornada. 

Llegó a la tienda y entró sin saludar, cruzando su interior a toda velocidad. Los clientes y sus superiores lo miraron indignados. El aspecto de Yusuke dejaba mucho que desear. Su pelo descuidado y sus ropas sucias y mojadas, despertaron la ira de la dueña del local.
-¡Yusuke! ¡¿Esas son formas de presentarse a trabajar?!  -le gritó interponiéndose en su camino -. Espero que tengas una buena explicación.
-No hay tiempo para tonterías. Cierre las puertas del local -le exigió -. ¿Dónde está Ariko? ¿Está bien?
-¡Pero bueno! ¿Os podéis creer? -comentó a los clientes -. Ya sé lo que pasa… A ti te ha dado calabazas la niña. 
-Hágame caso, cierre las puertas y no deje entrar a nadie -volvió a exigir y la apartó con un empujón. La mujer quedó todavía más indignada, mostrando su expresión de furia al resto de clientes que asistieron a la discusión.
Yusuke abrió la puerta, buscó con la mirada la figura de su amada y tras unas estanterías a rebosar de libros, la encontró. Se abalanzó sobre ella y la abrazó a punto de romper en llanto.
-¿Qué ocurre? -le preguntó sorprendida. Su repentina muestra de afecto la descolocó. 
-Ven, vámonos de aquí -contestó cogiéndola por la muñeca.
-Yusuke ¿Qué pasa? -exclamaba la joven -. ¡Espera!
Yusuke tiraba de ella sin compasión. Quería llevarla lejos de allí, llevarla lejos de aquel local de inminente contagio. 
-¡Para! -exigió la joven al liberarse. 
Lo miró con extrañeza.
-Ariko, confía en mí -le explicó con expresión triste -. Si te lo cuento ahora pensarás que estoy loco.
-¡¿Pero qué está pasando?! ¡No me asustes! -vociferó la joven contagiada por el nerviosismo que transmitía su compañero.
-Una especie de larvas han devorado y transformado en una especie de zombies, por explicártelo de alguna manera, a caminantes y turistas -al final decidió hacerle un resumen de lo sucedido de forma brusca y atolondrada -. Y ahora se dirigen hacia aquí en su afán por saciar su apetito.
-¡¡¿¿Qué??!! 
Yusuke volvió a cogerla por la muñeca y tiró de ella. No había tiempo para explicaciones detalladas ni discusiones tontas. Abrió la puerta y Ariko pudo comprobar por ella misma cómo la ficción que creía fruto de la imaginación de su novio cobraba vida ante sus ojos. No cabía en ella más asombro. Quedó con expresión desencajada y extrañada. Mientras, Yusuke intentaba volver a cerrar la puerta  e impedir así la entrada de una de las clientas infectadas por la larva.
-¡Ariko ayúdame! -exclamó.
La chica se abalanzó sobre ella con fuerza y consiguieron cerrar la puerta. 
-¡KIAAAAH! -gritó de pronto la joven.
-¡¿Qué pasa?! -chilló Yusuke asustado mirando a la muchacha como señalaba algo en el suelo.
Yusuke siguió con la mirada la dirección en la que apuntaba su brazo pensando en que se encontraría con una de esas criaturas. “Estamos perdidos…” Pensó. Cerró los ojos y en un acto de valentía y prueba de su amor por ella, se colocó delante de su amada. Abrió los ojos temeroso y contempló lo que allí se encontraba.   
-¡Pero si es solo un brazo amputado! -comentó y rió histéricamente -. Se lo debimos cortar al cerrar la puerta.
La joven temblaba.
-Ven -le ordenó Yusuke más calmado -. Saldremos por la puerta del almacén.
Ariko le siguió sin protestar, cogiendo su mano con firmeza. Pese a que ese no era el plan que había soñado para el día del Hanami*, estaban juntos.  

Continúa en el capítulo 2 (Click para leer)


* Nota: HANAMI, literalmente contemplación de flores, marca el inicio de la primavera. Durante estas fechas se organizan festividades y los japoneses acuden a los parques con sus amigos o familiares para pasar el día bajo la sombra de los cerezos y contemplar así su inmensa belleza. 

Cómo regar un bonsái (Relato corto) Josep Játiva

No habían pasado ni cinco minutos desde que encendí el ordenador cuando me llegó el correo electrónico. Al principio pensé que sería alguna de las innumerables ofertas sobre bonsáis que me suelen llegar al correo cada día, así que dejé lo que estaba haciendo y lo abrí. De este modo es como conseguí el último bonsái para mi colección, un arce japonés a un precio ridículo. Lo leí ilusionado, esperando encontrar alguna ganga, pero lo que encontré no era la clase de oferta que estaba esperando. Era mucho mejor, era una oferta laboral para trabajar en una tienda de bonsáis y eso para un coleccionista de estos árboles en miniatura es el paraíso, el trabajo ideal. El puesto estaba hecho a medida para mí. Lo volví a leer antes de mandar mi candidatura. No pedían gran cosa: buena presencia, bachillerato, conocimientos de botánica, inglés y experiencia demostrable en puesto similar de dos a cinco años. Nada que no tuviera, salvo esos cinco años demostrables, pero los podía compensar con mis años en www.bonsaisan.es, mi portal web donde ofrezco consejos sobre cómo cuidar estos pequeños árboles a partir de videotutoriales y artículos.
Todavía estaba algo nervioso cuando empecé a escribir la carta de presentación. Eran tantas las cosas que quería poner y tanto el interés que tenía en el puesto que me costó más de lo que os podéis imaginar. Leí el currículo una y otra vez, quería que quedara perfecto antes de enviarlo. Realmente deseaba ese puesto de trabajo. Tras cinco correcciones más, lo envíe.
Estaba impaciente, inquieto. No paraba de mirar los distintos bonsáis que tenía en mi terraza climatizada. Pronuncié el nombre técnico de cada uno de ellos a modo de repaso general por si me hacían un examen durante la entrevista y entonces me vi soñando despierto rodeado de clientes indecisos que esperaban pacientes mis consejos. 
—Gran elección, este magnífico Liquidambar styraciflua es uno de los bonsáis que resiste muy bien el calor. Y además lo tenemos de oferta —comenté en voz alta y al escuchar mis palabras sentí vergüenza. ¿Qué hacía en mi casa hablando solo cuando podía estar en la tienda recabando información útil para la entrevista? Sin perder un segundo salí de casa rumbo a lo que quería que fuese mi centro de trabajo.
Cuarenta minutos y dos transbordos después llegué a mi destino. Al ver el espectacular escaparate no me importó el tiempo que tardé en llegar. Una gran variedad de árboles de diferentes tamaños y precios. Me quede embobado mirándolos, casi babeando el cristal al descubrir el imponente bougainvillea glabra de ocho años ante mí. Recobré la compostura y entré.
El interior era todavía mejor que en mi imaginación. Qué cantidad de utensilios y productos para el cuidado de tan delicada afición. "No, no has venido a comprar, así que deja ese abono fortificante biológico donde estaba. ¡Céntrate! Has venido a documentarte para la entrevista" Me sermoneé.  
—Hola, buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle? —Una voz interrumpió mi propia discusión interna. El dependiente, con una sonrisa demasiado forzada, esperaba una respuesta que en el fondo no le interesaba.
—Es la primera vez que entro en la tienda. Me podría comentar, más o menos, qué productos o servicios ofrecen, a parte de la venta de bonsáis, obviamente —fui al grano, sin rodeos.
—No es usted aficionado al cultivo de estos árboles, ¿verdad? —contestó algo burlón. Era bastante atractivo, pero su actitud echaba por tierra todas esas horas de gimnasio.
—Sí que lo soy... —Su imborrable sonrisa empezaba a mosquearme.
—¿En serio?
—Sí, tengo más de 15 tipos distintos en mi casa. Alguno de ellos con más de diez años.
—Pero ¿Vivos?
—No, yo los compro y los dejó morir.
—Nunca se sabe, cada uno con sus gustos.
—¿Usted es imbécil?
El dependiente se rió a mandíbula batiente.
—No se ponga así, era una broma. En "bonsai saioni" estamos para ayudarles a todos, tanto a los que buscan un nuevo árbol como a los que buscan cómo evitar que su último bonsái acabe en la basura.
Lo miré todavía pensativo. No sabía si me seguía tomando el pelo o había adoptado su tono profesional, pero como quería obtener la información, le seguí la corriente.
—Entonces, ¿ofrecen servicios de curación o primeros auxilios?
—No exactamente. Si un bonsái ya está muy dañado, poco podemos hacer nosotros. Lo que ofrecemos son unas sesiones gratuitas sobre cómo cuidarlos.
—Interesante. Y dígame, ¿en esas sesiones se profundiza en cómo podarlos y darles la forma deseada? ¿Hay distintos niveles?
—No, que va. La mayoría se centran en cómo regar un bonsái.
—¿En serio? pero si eso es algo muy sencillo.
—No se crea. Cada uno tiene su propio sistema y no es tarea fácil el hacerlo bien. Ni yo mismo sé cómo se hace.
No me lo podía creer, el mismo dependiente reconocía no saber cómo regar un bonsái. ¿Por eso habían publicado la oferta laboral?¿Acaso era este individuo al que iban a despedir y por lo tanto era ese, su puesto, el que deseaba cubrir la empresa? Seguía sin poder creerme que el dependiente no supiera lo más básico en el cuidado de los árboles en miniatura. ¿Sería otra de sus bromas faltas de gracia?
—Bueno, pero digo yo que durante una de esas sesiones habrá aprendido algo sobre el riego, ¿no?
—Las sesiones se imparten los martes por la tarde y ese es mi día libre.
—Entonces, si yo le pidiera consejo sobre qué bonsái debería comprarme en función de la dificultad en su cuidado y mi experiencia, usted no podría ayudarme.
—Claro que podría.
—¿Cómo?
—Yo le aconsejaría que se comprase el árbol que más le gustase. Al fin y al cabo es así como lo acaban eligiendo todos y quien diga lo contrario miente. Después, y tras rellenar la ficha como cliente, podrá acudir sin ningún coste a nuestras clases sobre cómo cuidarlo.
—Dirá sobre cómo regarlo.
—Regalo, cuidarlo. Vienen a ser sinónimos.
—Hombre, tanto como sinónimos... A un bonsái no solo hay que regarlo, hay que proporcionarle otra clase de cuidados extra.
—Pero eso ya son cosas de "raritos" o de japoneses con mucho tiempo libre. La mayoría de personas se conforman con no ver su árbol morir en los primeros quince días.
—Es decir, usted considera "raritos" a las personas que se preocupan de algo más que del riego, como por ejemplo podarlos y darles forma.
—Hombre, no. No lo saque de contexto.
—No, yo no saco de contexto nada. 
—Sí, sí que lo hace. La mayoría de los mortales no dominan el riego. Es una realidad, un hecho. ¿Que usted lo domina? Pues muy bien, enhorabuena, pero eso no significa que el resto de personas seamos torpes o tontas.
"El resto de personas no lo sé, pero tú si que lo pareces" Pensé. 
Me despedí educadamente y abandoné el local. No merecía la pena continuar discutiendo con el dependiente, era una pérdida de tiempo. Caminé hasta la parada de autobuses y me senté. Los siguientes cuarenta minutos me los pasé preguntándome cómo era posible que aquel hombre no supiera cómo regar un bonsái y cada vez me ilusionaba más con las posibilidades que tenía de conseguir ese puesto de trabajo. La entrevista iba a ser pan comido.

Llegué a casa y encendí el ordenador con ganas de consultar las últimas tendencias en el diseño y la poda de árboles. De pronto un sonido interrumpió mi lectura, un correo electrónico acababa de llegar. Lo abrí inmediatamente y no podía creer lo que veían mis ojos. Leí la frase varias veces, a pesar de tenerla grabada en la retina. Su candidatura ha sido descartada. No me lo podía creer. Tenía que ser un error. Me parecía increíble. Descartado directamente sin ni siquiera hacer la entrevista... ¿Cómo se supone que tengo que digerir esto? ¿Qué es lo que fallaba en mi perfil? ¿Será porque no incluí fotografía? Sabía que debía haberla incluido, pero al no tener una reciente preferí no hacerlo pensando que me llamarían por mi currículo y no por mi cara bonita. De repente lo vi claro, vino a mi mente la respuesta a mis preguntas. Ellos no están buscando a un botánico, ni a un experto, ni siquiera a un aficionado. Ellos buscan una cara bonita que se pregunte: cómo regar un bonsái.